Cuentan que renegado de su condición de granjero suplicó por lujos y riquezas, apareciendo ante él la contradicción del bien, satanás, quien sin vacilar cumplió el deseo, pero como el diablo no es el mago de hoz, antes impuso al hombre a darle algo a cambio, su alma y el pacto se “suscribió”. El pacto consistía que el diablo daría el oro pero pasado un tiempo, éste vendría y se llevaría al hombre en cuerpo y alma.
